Entre contradicciones e inmediatismo – José Miguel González

 

Desde hace varios años Venezuela se ha desenvuelto como un país donde la política es el pan diario, donde los políticos son las personas más nombradas desplazando por mencionar a cantantes, actores o deportistas. Sin duda alguna hoy es más sonado las declaraciones, acciones u omisiones que vienen de los dirigentes.

Esta semana le tocó a Antonio Ledezma y Henry Ramos Allup. Mientras el primero subía un video que se volvió viral diciendo a viva voz su opinión sobre los últimos dos años de la política venezolana, y con ella, según su visión, los aciertos y desaciertos que ha tenido la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), exclamaba no sin razón, el abismo existente entre el dicho y el hecho, y como punto clave esgrimiendo que no se imagina a nadie inscribiéndose en elecciones regionales con este Consejo Nacional Electoral.

El segundo, en cambio, defendió el hecho de participar en esas elecciones en una entrevista televisada. Esto fue para la opinión publica la gota que derramó el vaso, provocando así el choque de opiniones más reciente tanto en la dirigencia como en la población en general. Como si Venezuela fuese un país escaso de divisiones, hoy la división latente entre las personas afectas a la oposición es sobre si participar o no en las elecciones de gobernadores y legisladores regionales.

El hecho concreto por el cual es tan sensible esa discusión tiene su génesis más allá de las declaraciones hechas por Smartmatic, más allá de la afinidad del Consejo Nacional Electoral hacia el gobierno nacional, y más allá del hecho que esas elecciones estén pendientes desde el año pasado; su génesis se encuentra en las notables contradicciones estratégicas dentro de la MUD y su vicio de darle a cada marcha, concentración o proceso en general un carácter determinista que promete siempre ser el último eslabón necesario para un cambio de gobierno.

¿Acaso no hemos escuchado por parte de los dirigentes de la MUD de manera casi permanente frases como: estamos en la recta final o ésta es la última fase? Incluso, en sus vocerías hemos llegado a escuchar: mañana será un día histórico para Venezuela, el inicio del fin. Como si los 18 de octubre de 1945 o los 23 de enero de 1958 se repitiesen cada fin de semana, pero al final, por obvias razones, al no lograrse ese cataclismo político prometido se produce el enfado colectivo de la sociedad hacia sus dirigentes.

Las contradicciones son normales en política, incluso son parte intrínseca de ellas, pero la manera como éstas se dirimen y enfrentan es responsabilidad de los dirigentes para con los ciudadanos y es factor clave para lograr el cambio de sistema en el país que piden los simpatizantes de la MUD. Un ejemplo, es precisamente la coherencia lo que ha mantenido a este sistema tantos años gobernando, porque hasta para lo malo son coherentes. Si prometen, cumplen, sin medir consecuencias.

Recordemos a Chávez, prometió no renovar la concesión a RCTV, lo hizo; prometió borrar del mapa político en ese entonces a Rosales, lo hizo; prometió transformar la economía venezolana y a pesar de haber cometido grandes errores, lo hizo, eso fue una parte de su éxito como político, sus seguidores veían que lo prometido, era cumplido, independientemente de las consecuencias o los medios utilizados. Esto no ocurre en la MUD, al prometer situaciones que no puede cumplir no solo desgasta su imagen, sino que peor aún, deja al país con la sensación que no existe salida política a la crisis; divorcias a la sociedad civil de la política, e incrementas más el nivel conflictivo al poner como posibles salvadores a sectores de la sociedad que no tienen la experiencia de dirigir a un país.

 Si abordas como vía de acción el tan nombrado artículo constitucional 350 y desprestigias todos los entes públicos por estar subordinados a la troika Maduro-Cabello- Padrino, manifiestas que todos los actos de estos entes son nulos por estar ser inconstitucionales, y envías un discurso -que son tan importantes en política como el agua para los seres vivos- de resistencia, lucha y no abandonar las calles hasta que exista un cambio de sistema, no es lógico luego de crear desconfianza y un clima de rechazo hacia los organismos, decir que vas a participar en un proceso electoral organizado por esos mismos entes, porque entras a ser víctima de tu propio discurso cuando pasas a ser llamado suicida o colaboracionista del régimen por tus mismos seguidores.

Si bien es cierto, en política no se pueden ceder espacios y menos aun siendo mayoría, tampoco puedes jugar en un partido donde el árbitro está en tu contra y donde peor aún, no sabes si llegarás ya que la Constituyente tiene la potestad de dejar sin efecto esas elecciones.

Por lo tanto, hoy más allá del hecho de participar o no en esas elecciones, la oposición necesita, si quiere ser gobierno el día de mañana, dirimir sus diferencias y trazar bajo arduas discusiones una hoja de ruta posible y consensuada, dejar a un lado el inmediatismo que tanta desilusión ha dejado en sus simpatizantes y establecer la manera de lograr micro objetivos a corto plazo, como por ejemplo, frenar la el avance de la constituyente por encima de que esté instalada, de manera que vayan desarticulando al oficialismo efectivamente. Por último, no abandonar la protesta debido a que es el mecanismo perfecto para capitalizar la demanda social y empujar al oficialismo en la posición que tiene, la de minoría.

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