“Artículo 350: Rebelión ciudadana y resistencia – José Miguel Rodríguez

La Mesa de la Unidad Democrática en pleno, junto a todos los factores que la componen anunciaron la activación del artículo 350 de la Constitución,  un artículo que algunos pedían aplicar con vehemencia y desespero pero que poco parecen entender realmente cuál es el significado de esta decisión y mucho menos las cuáles son las consecuencias que ello implica. Mediante las siguientes líneas intentaré dar una explicación jurídica y política que pueda dar respuesta y hacer entender cuál es el significado y motivo que fundamentan esta importante decisión.

 

Lo primero que podríamos preguntarnos o decir, es ¿Por qué? ¿Por qué en este momento?, ¿por qué no después?, ¿por qué no  antes y esperar tanto? Es claro, en Venezuela después de mucho tiempo el diagnóstico es unísono, es uniforme y es claro: estamos  bajo un régimen de naturaleza autocrática, un cúpula que pretende hacerse de manera desproporcionada con el poder, pretende desconocer la mayoría abrumadora de todo un país que lo rechaza, para ello han decidido acabar con lo que queda de Democracia y para ello han decidido acudir a la írrita e ilegítima convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente.

 

Debemos tener buena memoria, Maduro ha acabado con el piso político y electoral que le quedaba al PSUV y en general, al Chavismo; desde entonces no han hecho otra cosa que desconocer y atacar a quienes lo rechazan, en menos de dos años han suspendido las elecciones Regionales y Municipales, ignoradas por el oficialismo y por el Consejo Nacional Electoral, cargos que se encuentran en este momento vencidos, sin que medie razón o explicación alguna que justifique la supresión de uno de los derechos más importantes dentro de una democracia, el derecho al sufragio.[1] Más grave aún, el Chavismo nos ha arrebatado de manera descarada el Derecho a Revocar a Nicolás Maduro, llenos de excusas y obstáculos burocráticos, a través de Tribunales penales incompetentes e incluso alegando falta de recursos nos han quitado la posibilidad de realizar un cambio político de manera pacífica, constitucional y electoral.

 

También, han ignorado lo que en el pasado –cuando les convenía- llamaron la voz de Dios, la del pueblo, ese pueblo que juraron defender y escuchar, ahora lo desconocen pisoteando la voluntad de más de 14 millones de venezolanos que escogieron a nuestra Asamblea Nacional. Desde su instalación, el 5 de Enero de 2016 el régimen de Nicolás Maduro no se ha conformado con vilipendiar, atacar, robar y de la manera más cobarde, inventar un supuesto “desacato” orquestado por el principal cómplice y vergüenza de la Dictadura, el Tribunal Supremo de Justicia, quien a través de la Sala Constitucional, se ha dedicado durante los últimos dos años a anular cada ley, a declarar desacatos, robar competencias e incluso arrebatarle su derecho a ser representado a los ciudadanos de Amazonas, quitándole sus 3 diputados; es claro, en año y medio el TSJ ha publicado más de 60 sentencias en contra del Parlamento Nacional, con el fin de destruir a la Institución más legítima con que cuenta nuestro país.

 

Es así, en su borrachera de poder, alocada y desenfrenada, el Régimen ha caído en su propia trampa, encerrados en su propio laberinto, llevando al extremo de apostar por la idea de radicalizarse para poder sobrevivir, temen a la justicia y al rechazo del pueblo y por eso han decidido consolidar una Dictadura en Venezuela, un régimen que les permita hacerse indefinidamente con el poder; es así como nace la idea de llamar a una Asamblea Nacional Constituyente, que permita acabar con todo lo que incomode al chavismo y les permita permanecer “por siempre” en el poder” sin importar el cómo.

 

Pero ¿qué dice realmente el artículo 350 de la Constitución?

 

El Artículo 350 de la Constitución establece lo siguiente: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.”

Este artículo, tal y como suele enunciarse debe entenderse en los términos del artículo 333 de la Constitución de la República, estableciendo lo siguiente: “Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.”

 

Ahora bien, lo que consagran estos artículos no es otra cosa que el derecho fundamental y deber ciudadano a la rebelión, utilizado en el pasado por grandes héroes en la historia como  Mahatma Ghandi en la India, Martin Luther King en los Estados Unidos y Nelson Mandela en Sudáfrica en su lucha contra el apartheid. La rebelión ciudadana no es otra cosa que ese derecho que tenemos y al mismo tiempo, la obligación de desconocer cualquier régimen que pretenda socavar las libertades y atacar la Constitución Nacional y el contenido en ella expresado, siendo ello así, frente a un escenario de Asamblea Nacional Constituyente arbitraria e ilegítima e instituciones como el Tribunal Supremo de Justicia y el CNE, quienes con su actuar vulneran el sistema democrático, republicano y sobre todo han roto de manera reiterada el hilo constitucional, solo nos queda tanto legalmente como en la práctica un camino, la rebelión ciudadana, una rebelión que debe estar dentro de los términos de la Constitución, debe ser pacífica y  es la única y mejor arma que nos queda para lograr, de una vez por todas, una transición hacía la democracia y libertad.

 

En las próximas semanas –ahora sí- nos estaremos jugando el destino del país. Del cumplimiento de ese deber moral y ciudadano a la rebelión pende el futuro nuestro y el de nuestros hijos, dependerá de nuestro esfuerzo y disciplina decidir si viviremos doblegados bajo un régimen que nos humilla y oprime o viviremos con dignidad y prosperidad, no hay medias tintas, no  hay posiciones intermedias, en este punto serlo significa complicidad y complicidad es lo mismo que estar del lado del opresor en palabras del premio nobel de la Paz, Desmond Tutu.

En los próximos días estaremos llegando a una bifurcación en el camino, solo quedan dos opciones, autocratización o democratización, por ahora el destino es incierto, en el Gobierno todo indica que el objetivo es mantenerse en el poder, en la oposición solo se pide una cosa, una transición democrática, queda en manos de nosotros, los ciudadanos, defender ese ideal de vivir con libertad y dignidad y dejarlo todo en la cancha durante los próximos días, será eso o tener que ver como hunden a Venezuela en lo que representa uno de los peores regímenes autocráticos que ha conocido la historia contemporánea.

De nuestro lado no hay armas –ni nos interesa tenerlas- nuestra fuerza está en un país entero decidido a vivir mejor, durante los próximos días debemos convertir esa fuerza en una ola que impida la Constituyente y permita una transición democrática y pacífica, la clave y el secreto está en una cosa: organización, tomar cada espacio y usar cada herramienta que tenemos a través de la lucha no de calle no violenta. Hoy más que nunca el cambio reside en que cada uno de nosotros descubra y aproveche ese potencial y capacidad que tiene y lo ponga en función de un país mejor y en contra de la dictadura.

[1]Artículo 63 Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePin on Pinterest

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *