El sueño de Nicolás – José Miguel Rodríguez

En una alocución presidencial, Nicolás Maduro,  a manera de reto a la oposicón y de orden a las Fuerzas Armadas, daba la directriz de acabar con la protesta de calle en 8 días, acabar con lo que a su conveniencia llaman “guarimba”;  es todo, un régimen que se ufanó de contar con el apoyo de las masas durante años, acostumbrados a aquellos baños de masas junto a ese gran aparato de propaganda -capaces de defender inclusive lo indefendible- parecen haber quedado atrás.

Lo cierto es que la Revolución Bolivariana se hunde, estrepitosamente, se hunde sumida en la corruptela y destrucción hasta el punto de convertirse en el reducto que es hoy, un par de cuadras en el centro de Caracas – tomada por paramilitares y mercenarios-, alguno que otro acto repleto de empleados públicos, sin pueblo y condenados a usar a un costo cada vez más alto, su última arma: la represión, un arma que los terminará hundiendo más temprano que tarde por el doble filo de su naturaleza y porque más allá de todo, la justicia siempre llega y esta vez no será la excepción.

En este punto, recuerdo una frase del famoso escritor, Pablo Neruda:“podrán cortar todas la flores pero no podrán detener la primavera” y es que parece-por lo menos-  sacado de un hospital psiquiátrico, creer al menos posible acabar o detener una protesta de calle como las que vive Venezuela en tan solo 8 días solo con represión, como por arte de magía. Quizá la explicación está en entender que están cegados y borrachos de poder, han perdido el norte y se han convertido en la mejor ejemplificación de aquello que tanto criticaron y juraron nunca repetir.

Los entiendo un poco, quizá no han caminado como yo, junto a cientos de jóvenes que con mascaras o pañuelos, con sus escudos improvisados, van por aquella autopista labrando esperanza y pagando el alto costo de la libertad, poniendo el pecho y arriesgando sus vidas para vivir con dignidad, quizás no han visto a sus madres – junto a ellos- cansadas de tanta humillación y de tener que esperar a una supuesta bolsa de CLAP; mucho menos parecen haber visto si quiera a sus abuelos, sin medicinas, con la única esperanza de dejarle una mejor Venezuela a sus chamos, mucho menos han sentido hambre ni han sido víctima del hampa que desangra a nuestra patria, tampoco han sentido ese orgullo y esa paz de hacer lo correcto, esa alegría de saber que junto estamos haciendo historia y que al final de esta triste y amarga historia vamos a triunfar. La verdad, Nicolás te compadezco, que triste termina siendo la historia de aquellos que subestiman y utilizan a sus pueblos. La verdad, no hay nada que envidiar, una cúpula llena de quienes en nombre del “pueblo” intentan destruir a una Venezuela que frente a la represión y abusos no se deja doblegar y que más temprano que tarde va a triunfar.

La única respuesta que ha conseguido Nicolás Maduro en su desesperación y desolación ha sido la de una ilegítima y rídicula Asamblea Nacional Constituyente y con ello reprimir cada vez más duro a ese pueblo que día tras día pide en las calle libertad. Es el sueño de un Dictador que supone –de manera rídicula- que basta con simplemente decretar la paz sin construirla,  el sueño demagogo de quienes en el pasado decretaron acabar con la misería, hambre y corupción e incluso construyeron un ministerio para la felicidad mientras nos hacían miserables, hambrientos y pobres, pero además han ido más allá, imagino que pasar horas en palacios y alejado de la cruda realidad los ha hecho creer de manera ingenua que es posible callar la voz de un pueblo que pide a gritos libertad, parecen creer que podrán  parar el llanto de aquel niño que no tienen como alimentar, parece que pretende inclusive, detener el silencio –ensordecedor- de aquella madre que ve partir a su hijo Marco, asesinado en manos del hampa.

Les confieso, fue imposible no sentir miedo, cómo no tenerlo, en frente  un régimen escondido tras los rifles y ballonetas; más tade –con más calma- entendí que solo se busca callar una voz cuando resulta incomoda y que solo se busca frenar algo cuando comienza a parece imparable y  que no podrán callar ni parar la voz de un pueblo decidido a cambiar, es esa afirmación que nuestra lucha no ha sido en vano, con nuestro sacrificio han despertado aquellas conciencias de hermanos venezolanos, hemos logrado que nuestras consignas retumben cada vez más fuerte y más cerca de miraflores, nos confirma que cada vez son más rifles de Policías o Militares negados a rerpimir y que al final del día vamos a triunfar.

No ha sido fácil, son más de 70 días de lucha, de sacrificio, e incluso alguno de ellos sin reparo, la vida de más de 60 jóvenes se ha derramado por la libertad de Venezuela y de la República, y hoy Nicolás pretende burlarse de nuestro dolor, que todo pase así, sin más, que la muerte de mis hermanos jóvenes sea en vano, que dejemos ir como si nada a nuestra Venezuela amada, que dejemos robarnos el futuro en manos de una cúpula podridaque no podría estar más equívocada al subestimarnos. Lo cierto es que los jóvenes no tenemos nada que perder y estamos luchando por un país inclusive mejor que el que nos arrebataron, la decisión está tomada, no hay otro camino, no daremos nuestro brazoa torcer ni mucho menos le daremos tregua ni paz.

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One response to “El sueño de Nicolás – José Miguel Rodríguez”

  1. Jose Miguel declara que el objetivo de publicar ese Manifiesto no solo es defender su honor sino tambien “por lo menos avisar a los Pueblos de los peligros que los circundan, y prevenirlos contra las redes que arma cautelosamente la ambicion detestable de un enemigo domestico encubierto con el Paladin de la Libertad Publica” agregando que “

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