Naufragio Revolucionario – José Miguel Rodríguez

Hace días, en una clase de análisis político conversábamos junto al profesor sobre un tema interesante y de gran relevancia en nuestra actualidad: la posibilidad existente de que ocurra una transición política en Venezuela; interrogante que todos nos hacemos sin obtener respuesta alguna de ello. Sin embargo, al final del día entendí que esto no es más que el naufragio, o en palabras del gran Gabriel García Márquez, la crónica de una muerte anunciada. Durante estas líneas intentaré explicar cuál es la realidad de la protesta y del panorama político en la actualidad venezolana.

En primer lugar, el profesor nos explicaba del impacto de fenómenos como la globalización y el avanzado desarrollo tecnológico, éstos han convertido a los regímenes totalitarios (en su mayoría) en regímenes híbridos; sin duda, resulta más fácil dominar por el engaño que por la fuerza y los líderes autocráticos del mundo han entendido y preferido cambiar esa imagen fuerte y disciplinada -casi caudillista-por una imagen de demócrata a carta cabal, ello les da siempre una mayor legitimidad internacional e institucional.

La conclusión es obvia, los regímenes híbridos se cimentan sobre una base popular y electoral que los legítima mientras sea posible, -una base que nunca es eterna y que siempre es agotable- como si la democracia fuera solo cuestión de contar con el apoyo de las masas.

¿Qué relación tiene todo esto con Venezuela? La respuesta se resume en cierta frase que escuché de un importante politólogo venezolano: el chavismo no ha sido innovador ni siquiera fracasando. Lo que sucede en Venezuela no es cosa nueva y lo cierto es que nuestro país no es la excepción en la historia política del mundo, tal y como lo dicen expertos en la materia, en Venezuela hemos atravesado un proceso de autocratización cada vez más acentuado, una autocratización que es directamente proporcional a su “naufragio”, una debacle que la soberbia no les permitió jamás anticipar, un barco que se hunde a pasos acelerados y agigantados, al punto de que su tripulación logró conocer el rechazo y desprecio de todo un país.

No es para menos, hoy casi el 90% de los venezolanos rechaza al régimen de Nicolás Maduro, lo que llega a parecer poco e insuficiente esa elevada cifra cuando se entiende y se vive la grave crisis, social, política y humanitaria que atraviesa Venezuela.

Así lo veo, un naufragio de una embarcación que lo tuvo todo a su favor: apoyo popular, legitimidad, financiamiento, credibilidad internacional y mucho poder, una tripulación que pudo haber convertido a  esa embarcación llamada Venezuela en un país de ensueños y paradójicamente terminó calcando a niveles astronómicos los vicios que en el pasado tanto criticó. Es un régimen que se ahoga a pasos agigantados, que se queda sin pasajeros mientras que su tripulación–un tanto intransigente- ni siquiera tiene la decencia de reconocer el resquebrajamiento y hundimiento de su navío, todo lo contrario, su capitán, ha decidido poner la nave a toda marcha sin importar ni valorar el costo de nada.

Así ha quedado  la “revolución bonita” pasó de creerse toda poderosa y omnipotente a estar reducida a legislar a través de un tribunal constitucional parcializado, de marchas y movilizaciones apoteósicas, a tomas cerradas y mucha censura,  tener que administrar justicia a través de tribunales militares cuando ya los civiles resultaron insuficientes, e incluso se atrevieron a usar como pretexto una fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente para evitar elecciones de un pueblo que no lo quiere, reprimir a esas voces que hace años repetían sus consignas, y quebrada; al final, esta revolución naufraga a toda máquina, sus banderas se divisan claramente: hambre, miseria y corrupción.

 No queda duda  de la necesidad de caracterizar al régimen venezolano, es lo único que nos permitirá poder enfrentar efectivamente el momento más importante de nuestra historia contemporánea. Parece mentira,  aquella niña de sus ojos de la cual se ufanaba la izquierda latinoamericana se ha convertido hoy en la vergüenza nacional y mundial, ello, no es casualidad, la responsabilidad se debe a un país entero, un país que unido ha decidido cambiar por completo.

Ellos, jóvenes, hombres, mujeres, abuelos, médicos, reporteros, artistas, todos, desde sus espacios son héroes, han decidido salir hoy, mañana y cuando sea necesario a las calles, dejando de lado la represión, engaño y miedo de lado, son la mejor expresión y porqué no, el vivo ejemplo de lo que significa esperanza, un sentimiento más poderoso y real que cualquiera que pueda engendrar esta funesta y moribunda revolución.

Hoy no quedan dudas, vivimos los últimos minutos, sí, en mi opinión estamos por empezar un transición; horas, días e incluso –quizá- meses le quedan a esta revolución, no lo sabemos, pero sí hemos de saber y entender algo: es que el cambio que tanto anhelamos solo será posible con nosotros en la calle, haciendo lo que tanto le duele a la opresión, levantar nuestra voz. Claro que habrá transición, juntos construiremos una nueva e incluso mejor Venezuela de la que con alevosía nos robaron.

“Por más poderoso que sea un dictador, solo es un hombre. No tengáis miedo” – San Juan Pablo II

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