El crimen en América Latina y el Caribe: qué se sabe, qué se ha hecho y qué podemos hacer para prevenirlo – José Daniel Merchán

Las investigaciones muestran que el crimen en América Latina y el Caribe se concentra en zonas muy específicas y usualmente lo cometen jóvenes varones. La prevención es la estrategia que más resultados ha dado.

Palabras clave: crimen, delito, América Latina y el Caribe, prevención, jóvenes.

El crimen en América Latina y el Caribe ha llegado a niveles epidémicos. Cada región vive sus particularidades en cuanto a este fenómeno, pero todas en común sufren de elevados índices de violencia como producto de la actividad delincuencial. Las buenas prácticas contra el delito enfatizan la necesidad de prevención, desde el periodo prenatal hasta la adultez temprana. El ciudadano, dentro de su quehacer cotidiano, pueden también contribuir a la reducción del crimen en sus localidades a través de la prevención.

América Latina y el Caribe (ALC) tiene una tasa de homicidios de 24 por cada 100,000 habitantes; es cuatro veces mayor al promedio mundial (The Economist, 2017). Asimismo, la cantidad de robos ha incrementado; seis de cada diez involucran actos de violencia (The Economist, 2017). El Banco Interamericano de Desarrollo (2017) estima que el costo mundial del crimen y la violencia en ALC equivale a $261 miles de millones de dólares; es decir 3,55% del Producto Interno Bruto de la región. El gasto público en prisiones, policías y el sistema judicial representa 1,51% del PIB, mientras que el gasto privado en seguridad y en víctimas letales o no del crimen equivalen al 1,37% y 0,64% del PIB respectivamente. Estamos hablando de un fenómeno alarmante, que además de afectar familias, comunidades y ciudades, tiene repercusiones en la economía.

El Banco Mundial (2016), en un estudio longitudinal y recogiendo información del continente, estableció una radiografía bastante reveladora sobre las mecánicas del crimen en ALC. Geográficamente, el crimen y violencia está bastante concentrado en ciertas localidades, llámese ciudades, barrios o incluso calles.  Un ejemplo es el estado de Chihuahua en México: en 2007 el estado albergó un cuarto del total de homicidios del país (Chioda, 2016). Casos similares ocurren en Guatemala o Colombia, donde una o pocas provincias o departamentos concentran altas cantidades de crimen y violencia (Chioda, 2016).

El informe del Banco Mundial también establece que las víctimas y perpetradores del crimen en ALC son usualmente varones, de adolescentes a jóvenes adultos. La probabilidad del comportamiento criminal incrementa considerablemente desde la adolescencia y alcanza un tope en la temprana adultez, para luego descender con el paso de los años. Las víctimas y perpetradores pueden vivir en la misma ciudad o barrio; esto se relaciona con la alta concentración geográfica del crimen.

Existen muchas variables que fomentan la conducta delictiva, desde hogares rotos y predisposiciones psicológicas independientes del contexto territorial. Dos sobresalen dentro del informe del Banco Mundial (2016). En primer lugar está la disposición de los oficiales de policía de aceptar sobornos para dejar pasar crímenes. Esto se asocia a un fuerte aumento de la delincuencia, mucho más que otras deficiencias institucionales en el poder ejecutivo, legislativo o judicial. En segundo lugar está el crecimiento económico. Paradójicamente, a mayor crecimiento económico manifestado en aumento del PIB, ocurre más actividad delincuencial. Una causa radica en que el crecimiento económico es promovido por mejoras en infraestructura y en mercados, que también estimulan la rentabilidad de los mercados ilegales. Esto se da en particular cuando el poder Estatal no posee la capacidad de supervisar las actividades económicas que aumentan como resultado del crecimiento económico.

Es imposible hablar de una solución universal ante el problema de la delincuencia. Existen muchas variables que complican la adopción de una respuesta única. No obstante, la prevención ha probado ser el enfoque más efectivo, a pesar de limitaciones relacionadas a la falta de información, población destinataria, localización de los programas preventivos, entre otros (Chioda, 2016).

Las familias son el grupo humano donde más se concentran los esfuerzos de prevención. Uno de los más efectivos según estudios es el proyecto de visitas domiciliarias perinatales, originado en EE.UU. como “Nurse FamilyPartnership” (Schodt, Parr, Araujo & Rubio-Codina, 2015). Éstas consisten de enfermeros/as que visitan familias para realizar seguimiento al desarrollo de bebés y niños antes de nacer hasta aproximadamente los 24 meses de edad. Los profesionales asesoran periódicamente a las familias sobre asuntos de salud, nutrición, relaciones familiares adecuadas y el desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños. Adaptaciones de este programa y su evaluación se realizaron en ALC en Jamaica, Colombia, Cuba, Brasil, Perú, entre otros. Entre los resultados generales obtenidos por medio de evaluaciones rigurosas, se encuentran menor deserción escolar, mejores resultados en pruebas cognitivas y mayor desarrollo del lenguaje y la inteligencia en general(Schodt et al. 2015). Estos resultados contribuyen a una mejor adaptación de los niños a la escuela, que a su vez reduce factores de riesgo asociados a conductas delictivas y mejoras en las relaciones familiares. No obstante, faltan más evaluaciones de mayor escala que prueben sistemáticamente los resultados de varios programas familiares en ALC (Schodt et al., 2015).

La escuela es otro de los espacios donde más se hace prevención. Es un lugar considerado clave porque se puede realizar detección temprana de comportamientos de riesgo. Un ejemplo en la Comuna Puente Alto de Chile es Paz Educa (Blanco & Varela 2011): programa preventivo implementaba un sistema de disciplina integral, justo y claro por medio procesos participativos con la comunidad educativa. También realizó un reordenamiento de las condiciones físicas y situacionales de las escuelas y se estableció una base de datos de la conducta de los estudiantes con fines de monitoreo. Las tres acciones juntas resultaron en menores niveles de estudiantes remitidos a inspectoría por problemas de comportamiento.

Una adecuada inserción laboral también se asocia a menores tasas de crimen. El Banco Mundial (2016) observa que quienes delinquen suelen también mantener trabajos, contrario a la creencia popular de delincuentes desocupados. Dix-Carneiro, Soares&Ullyssea (2016) encuentran en Brasil que la calidad y las condiciones de los empleos influyen considerablemente en el aumento o disminución del crimen, especialmente en hombres jóvenes. Factores como estabilidad, legalidad, salarios y opciones para hacer carrera y desarrollar destrezas profesionales juegan en la decisión de jóvenes en complementar o no sus trabajos con delitos (Chioda, 2016). Los programas que han mostrado resultados son aquellos que fomentan el desarrollo de destrezas profesionales y competencias de vida: en 2005, el programa colombiano de formación profesional “Jóvenes en Acción” generó aumentos en los salarios para las mujeres participantes y mayor acceso al empleo formal para los participantes de ambos sexos ubicados en los estratos socioeconómicos más bajos del país (Attanasio, Kugler&Meghir, 2011).

Las penas severas de prisión no han demostrado disuadir el delito cometido por los jóvenes. Un ejemploestá en Medellín, Colombia, donde no se observa una reducción de arrestos por delitos violentos y contra la propiedad cuando las penas se agravan al momento que el infractor cumple 18 años (Guarín, Medina & Tamayo, 2013). Las soluciones más prometedoras apuntan a prevenir el encarcelamiento, tales como policías distribuidos en zonas de elevada actividad criminal que empleen estrategias para aumentar arrestos y reducir el cometimiento de delitos (Chioda, 2016). También se menciona la inversión en una educación de calidad, que desarrolle competencias para desenvolverse en el mundo laboral (Munyo, 2013). No obstante, las intervenciones e investigaciones en seguridad se ven frecuentemente obstaculizadas por el temor que vayan en contra de fines políticos, expongan casos de corrupción y afecte la percepción ciudadana de seguridad (Jaitman&Machin, 2016).

Las iniciativas ciudadanas para prevenir el delito muestran que los programas de prevención se apoyan en una ciudadanía activa y participativa. A nivel de ciudad y barrio, optar por un mejor alumbrado público ha mostrado efectos disuasorios del delito en zonas tan diferentes como Estados Unidos, Reino Unido y Jamaica (Chioda, 2016). Por otro lado, a nivel comunitario, los proyectos de prevención del delito funcionan o fracasan dependiendo de cómo las comunidades se identifican con los proyectos, por lo que la comunicación adecuada es esencial (Févre&Soares, 2014). Desarrollar la noción de la prevención comunitaria del delito también es importante, porque ubica a la comunidad en una posición positiva y proactiva para la ejecución de programas (Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana, 2004). No obstante, una de las mayores contribuciones ciudadanas está dentro de la misma familia, a través de la supervisión parental a los/as adolescentes dentro de su vida familiar y escolar (Chioda, 2016).

América Latina y el Caribe tiene amplios recursos para reducir la alta incidencia del crimen y el delito. La clave está en la prevención: desarrollar potencialidades en la familia, la escuela y la comunidad para desarrollar individuos con menor riesgo de caer en actividades delictivas. También es importante la voluntad institucional; los gobiernos necesitan atacar el delito desincentivando la corrupción dentro de los organismos del Estado y organizando la acción policial de manera preventiva y en zonas focalizadas. Finalmente, es importante tener más información científica sobre el delito y los resultados de los programas de prevención para que la toma de decisiones frente a este problema sea pertinente a la realidad continental.

 

Referencias bibliográficas

Attanasio, O., Kugler, A., & Meghir, C. (julio de 2011). Subsidizing Vocational Training for Disadvantaged Youth in Colombia: Evidence from a Randomized Trial . Obtenido de American Economic Journal: Applied Economics: https://www.povertyactionlab.org/sites/default/files/publications/472%20-%20training%20disadvantaged%20youth%20in%20Colombia%20July2011%20AEA.pdf

Banco Interamericano de Desarrollo. (3 de febrero de 2017). Crime exacts steep social, public and private costs in Latin America and Caribbean: IDB study. Obtenido de Banco Interamericano de Desarrollo : http://www.iadb.org/en/news/news-releases/2017-02-03/how-much-does-crime-cost-latin-america-and-caribbean,11714.html

Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana. (octubre de 2004). Apoyando la prevención en América Latina . Obtenido de +Comunidad +Prevención : http://cesc.uchile.cl/publicaciones/com_y_prev_01.pdf

Chioda, L. (2016 ). Fin a la violencia en América Latina: Una mirada a la prevención desde la infancia a la edad adulta. Obtenido de Banco Mundial: https://openknowledge.worldbank.org/bitstream/handle/10986/25920/210664ovSP.pdf

Dix-Carneiro, R., Soares, R. R., & Ulyssea, G. (enero de 2016). Local Labor Market Conditions and Crime: Evidence from the Brazilian Trade Liberalization. Obtenido de Institute for the Study of Labor : http://ftp.iza.org/dp9638.pdf

Févre, C., & Soares, Y. (marzo de 2014). Desafío de la Ejecución: Lecciones de Cinco Proyectos de Seguridad Ciudadana. Obtenido de Banco Interamericano de Desarrollo: https://publications.iadb.org/bitstream/handle/11319/6377/CV2013_Spanish.pdf?sequence=2

Guarín, A., Medina, C., & Tamayo, J. (2013). The Effects of Punishment of Crime in Colombia on Deterrence, Incapacitation, and Human Capital Formation.Obtenido de Borradores de Economía : http://www.banrep.org/sites/default/files/publicaciones/archivos/be_774.pdf

Jaitman, L., & Machin, S. (2016). Crime and violence in Latin America and the Caribbean: towards evidence-based policies.Obtenido de CentrePiece: http://cep.lse.ac.uk/pubs/download/cp461.pdf

Munyo, I. (noviembre de 2013). Youth Crime in Latin America: Key Determinants and Effective Public Policy Response .Obtenido de Brookings Global : https://www.brookings.edu/wp-content/uploads/2016/06/Youth-Crime-in-Latin-America-Revised.pdf

Schodt, S., Parr, J., Araujo, M. C., & Rubio-Codina, M. (octubre de 2015). La medición de la calidad de los servicios de visitas domiciliarias: Una revisión de la literatura . Obtenido de Banco Interamericano de Desarrollo: https://publications.iadb.org/bitstream/handle/11319/7268/La%20medicion%20de%20la%20calidad%20de%20los%20servicios%20de%20visitas%20domiciliarias%3A%20Una%20revision%20de%20la%20literatura.pdf?sequence=7

The Economist. (25 de febrero de 2017). The Costs of Latin American Crime. Obtenido de The Economist: http://www.economist.com/news/americas/21717439-many-governments-are-failing-their-most-basic-task-costs-latin-american-crime

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