¿Es el dictador un hombre feliz? – Carlos Gross

En términos generales el dictador es una persona encargada de dirigir la acción estatal sin estar sujeta a los límites de poder que las leyes y la costumbre establecen. En algunos casos por falta de leyes y en otros porque las mismas en el hecho parecen no tener efectos válidos sobre el dictador. La dictadura puede surgir como una deformación de cualquier forma de gobierno –monárquico, aristocrático o democrático- aunque Aristóteles la categoriza a la como una forma de gobierno per se y no como una deformación.

El origen de la figura del dictador se remonta a la Roma republicana, en la cual se consideraba a la dictadura como un recurso extraordinario y temporal que los cónsules del Senado de la República le otorgaban a una persona denominada dictador romano para que tomara decisiones con la finalidad de solucionar una situación de emergencia concentrando poderes que normalmente no poseería.

Ahora bien, existen distintos tipos de dictaduras: autoritarias, totalitarias, militares, etc. Pero para los efectos de este artículo me limitaré a hablar sobre una dictadura moderna como deformación del ejercicio de gobierno de un Estado democrático, enfocándome en la figura del dictador y si este es realmente una persona feliz.

En las democracias modernas, se garantiza la división de poderes, el respeto a los derechos humanos, libertad de expresión y de participación política, el derecho de los ciudadanos a elegir a sus autoridades, el acceso a la información, entre otros derechos. Una dictadura vulneraría, negaría o dificultaría el goce de alguna de esas libertades por beneficio propio de quien rige el Estado, pero esa persona que encabeza la dictadura, que obviamente está consciente de la forma en que gobierna y los fines que persigue, ¿es realmente feliz o es una persona atormentada?

Un dictador renuncia a su vida privada. Toda su acción va a ir dirigida a cumplir sus objetivos, dominar y aferrarse al poder. Según Platón, en el Libro IX de su obra La República, el tirano –la figura del dictador moderno no existía en la antigua Grecia, aunque la analogía entre tirano y dictador funciona a los fines de este análisis- es una persona incapaz de conducirse y por eso buscará conducir a los demás.

“El tirano no es más que un esclavo, esclavo sometido a la más dura y baja servidumbre, y el adulador de lo más abyecto de la sociedad. Jamás podrá satisfacer por completo sus pasiones, porque lo que le falta excede a lo que posee; y el que pudiera penetrar en el fondo de su alma, encontraría que es verdaderamente pobre, y vive siempre sobresaltado, y siempre presa de dolores y angustias”

El dictador no vive una vida tranquila, siente miedo constante a ser traicionado por quienes lo rodean, a que quienes están con él lo hagan por interés. Este hombre de alma tiranizada siempre está en la búsqueda de placeres materiales y de dominar al resto. Al dictador le enfurece la disidencia y buscará suprimirla tanto como pueda para que su voz sea la única verdad capaz de crear un entorno –que no existe- en el que sus gobernados sientan la necesidad de mantener a ese líder como el garante de su libertad, tal como lo expresa George Orwell en su obra 1984 en la cual El Gran Hermano es ese líder único capaz de garantizar una vida digna.

Crear ese entorno inexistente es fundamental para el mantenimiento del poder. Ese ambiente suele estar rodeado de conflictos que no existen y  que lo único que buscan es justificar la acción gubernamental del líder y cohesionar a sus seguidores para que piensen que la única solución a esos conflictos los tiene el jefe del Estado.

La personalidad de los dictadores, generalizando, suele determinarse por ser personas coléricas e impulsivas capaces de seguir sus ideales y metas sin importar el bien común. Algunos dictadores que calzan dentro de la categorización que presento pueden ser: Adolfo Hitler, quien inició la Segunda Guerra Mundial simplemente por el deseo de aumentar su esfera de poder y terminó suicidándose cuando su derrota era inminente; Rafael Leonidas Trujillo, presidente de República Dominicana desde 1930 hasta 1961, a quien se le acusa de haber asesinado aproximadamente a 15.000 personas, algunas de la disidencia, otras de su esfera cercana y otras por algún interés específico, este dictador no tuvo una vida tranquila, de hecho, murió asesinado.

Otro dictador que tuvo una vida agitada fue Hugo Chávez en Venezuela, quien no tuvo como limitante el marco legal de la división de poderes para evitar la autonomía de los mismos y hacer que su funcionamiento fuese de obediencia al poder ejecutivo, además limitó la libertad de expresión cerrando medios de comunicación y utilizó el terror como instrumento de control contra quienes eran su disidencias. Aunque este nunca limitó el derecho al sufragio, puede inferirse que no lo hizo debido a que poseía un gran respaldo popular y que ir a contiendas electorales no significarían ningún riesgo para el mantenimiento de su poder, si él no hubiese tenido suficiente respaldo popular, posiblemente hubiese suspendido los comicios a través de trabas y excusas como su sucesor Nicolás Maduro lo ha hecho. La vida de Chávez culminó el 5 de marzo de 2013 después de dos años de lucha contra el cáncer, muerte que posiblemente pudo haberse evitado si este no hubiese realizado su campaña electoral del año 2012 y en su lugar hubiese guardado su merecido reposo.

Puede concluirse que el dictador no es un hombre feliz sino todo lo contrario. Es una persona que vive para mantenerse en el poder y buscará incrementarlo por todos los medios posibles. Es necesario mencionar, que tal preocupación por el poder viene determinada por dos aspectos, el primero de ellos es el deseo de incrementar su nivel de autoridad y dominación sobre los ciudadanos, y el otro aspecto es que los dictadores durante el ejercicio de sus funciones suelen pasar por encima de cualquier marco legal y lo único que los mantiene lejos de la justicia y de pagar por sus crímenes, es mantenerse en el poder. Por lo tanto, puedo concluir que parte de la motivación del dictador, es su instinto de supervivencia.

Se sabe que el dictador recurre a cualquier medio para mantener su autoridad y aun así, sabiendo que no es un hombre plenamente feliz, disfruta y siente satisfacción por la dominación. No le importa el rechazo que pueda existir contra su persona o su régimen siempre que ese rechazo no ponga en riesgo su cargo, aunque les llena de placer sentirse apoyados, por tal razón, dictadores como Fidel Castro de Cuba o Kim Jong-un en Corea del Norte obligan –u obligó, en el caso de Castro- a sectores de su población a asistir a sus actos simplemente para sentirse legítimos.

Los dictadores al igual que crean en su población un contexto que no existe para justificar sus acciones, como es el caso de la guerra económica en Venezuela o la creencia de que existía una raza aria que debía imponerse en Europa, estos personajes también crean un ambiente ficticio alrededor de su persona para sentirse una deidad. Son placeres materiales los que le causan satisfacción a los dictadores y estos van a estar dispuestos a perder la vida por la defensa a su status, es así como Hitler prefirió suicidarse antes de pagar por sus crímenes, ver el poder en manos de otro o terminar como Mussolini –su cadáver fue arrastrado por las plazas de Italia-. Chávez prefirió actuar en detrimento de su salud con el fin de salvar el poder. En el caso de quienes mueren asesinados, sus seguidores se encargarán de martirizar su figura. En fin, la lucha de un dictador por salvar el poder es capaz de llevarlo a la muerte y esta puede significar para ellos su boleto a la eternidad.

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