Brexit, un repaso desde el referéndum hasta el inicio formal de la separación – Juliete Da Costa

El 23 de junio del 2016 se llevó a cabo un referéndum en el Reino Unido respecto a mantener su condición o no de Estado miembro de la Unión Europea. En dicho referéndum, se decidió abandonar este mecanismo de integración, el cual acaba de celebrar el sesentavo aniversario del Tratado de Roma, uno de los acuerdos que dio origen a la Comunidad Europea en 1957, la cual sirvió de precursora para la creación de la Unión Europea.

El Brexit – terminó utilizado para hacer referencia a la salida del Reino Unido de la Unión Europea – es el resultado de la creciente ola euroescéptica y nacionalista que ha cobrado fuerzas en toda Europa. Ejemplos concretos de estos factores en el Reino Unido son la preocupación del pueblo británico al sentir la soberanía de su nación socavada, los intereses de la UE por encima de los propios; así como la incapacidad de la Unión Europea para superar la crisis económica del 2008, cuya mayor consecuencia ha sido el desempleo, alcanzando aproximadamente el 9% en Europa Occidental. El problema del desempleo se agrava con la inmigración y libre circulación de ciudadanos pertenecientes a la UE al Reino, trayendo como consecuencia una sensación de usurpación de los derechos de los ciudadanos británicos. Además, el presupuesto destinado a la Unión Europea y los costos de aplicar sus normativas en el territorio del Reino son considerados gastos excesivos y sin beneficios mayores para sus habitantes, lo cual contribuye a su falta de identidad para con la UE y sus ciudadanos. Este sentimiento se vio exacerbado a partir de septiembre de 2015, cuando el Reino Unido anunció su decisión de acoger a los refugiados sirios, causando no solo rechazo a la población musulmana por ser sus competidores directos en ofertas de trabajos, sino también por la amenaza que representan en cuanto a posibles ataques terroristas en territorio británico como represalia por parte de DAESH.

En cuanto a los resultados del referéndum, si bien la opción de abandonar la Unión Europea fue la vencedora (51,9% marcharse – 48,1% permanecer), al desglosar los resultados por los territorios que conforman el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte observamos que los mismos no son homogéneos. En Inglaterra, al igual que en Gales, la opción de abandonar la UE ganó con el 53,8% y el 52,5% de los votos respectivamente, siendo el resultado final un reflejo de los obtenidos en estos territorios.  Mientras, tanto en Irlanda del Norte como en Escocia la opción vencedora fue la de permanecer como miembros de la Unión Europea con 55,8% y 62,0% respectivamente. Además, cabe destacar que la participación electoral alcanzó el 72,2%, estando por debajo del promedio de participación para elecciones parlamentarias. El porcentaje de participación fue solo superado por Inglaterra, mientras que en los demás territorios la participación electoral se encontró por debajo de este porcentaje. Tomar en consideración el comportamiento del electorado por territorio permite entender la postura de cada uno de los gobiernos regionales respecto al proceso de separación, sus aspiraciones en cuanto a las negociaciones para concluir la misma y sus principales temores.

A partir de este referéndum Gran Bretaña ha enfrentado una serie de desafíos políticos y sociales. El primero de ellos fue la renuncia del Primer Ministro David Cameron inmediatamente después del referéndum. Al apoyar la opción de permanecer en la UE y perder ante la opción de abandonarla, el PM decidió dejar su cargo; pasando así a ser ejercido por Theresa May, quien además será la responsable de liderar las negociaciones de separación por parte del Reino Unido. Así mismo, en Escocia la jefa del gobierno regional Nicola Sturgeon propuso la celebración de un nuevo referéndum para obtener su independencia del Reino Unido. El principal argumento en contra de esta propuesta es el referéndum realizado en septiembre de 2014 en el cual permanecer en el Reino ganó con el 55% de los votos. Mientras, el argumento a favor es que en Escocia la opción de permanecer en la Unión Europea ganó con un mayor porcentaje de votos que las opciones ganadoras en los demás territorios; además el descontento hacia la Primer Ministro es un factor clave de temor a la separación ya que no sienten que los intereses de Escocia estén siendo valorados al momento de fijar posición en las negociaciones para el Brexit.

En Irlanda del Norte la propuesta de un referéndum para independizarse del Reino Unido también calo entre sus parlamentarios; sin embargo, la misma no se ha materializado por coyunturas internas. Actualmente, este territorio enfrenta una crisis política originada por la falta de acuerdo para conformar su Gobierno. De no concretarse dicha coalición el gobierno de Irlanda del Norte pasaría a ser ejercido por el gobierno nacional en Londres, opción que alarma a los ciudadanos ya que sienten que la Primer Ministro no ha mostrado preocupación alguna por su situación política. Por otra parte, y al igual que los escoceses, los norirlandeses no sienten que sus intereses estén siendo representados ni tomados en consideración por el gobierno británico en el proceso de separación de la Unión Europea, sentimiento que se agravaría al no tener un gobierno independiente que los represente. El factor más preocupante para los norirlandeses es su frontera con Irlanda, la cual sería el único límite terrestre con la Unión Europea, y una vez el libre tránsito de ciudadanos sea restringido la misma necesitará regulaciones y vigilancia especializada.

En cuanto a las consecuencias sociales, durante los meses de junio y julio se registraron manifestaciones, tanto por parte de ciudadanos como políticos, con el fin de lograr que el parlamento considerará realizar una vez más el referéndum. Los argumentos presentados a favor de esta solicitud fueron la burda campaña educativa respecto a las consecuencias que traería al Reino dejar de ser miembro de la Unión Europea, los resultados heterogéneos entre los territorios del Reino y el argumento de corte social-generacional de que el Brexit fue un producto del voto de los ciudadanos mayores de 50 años, mientras que el voto joven favoreció a mantener el status de miembro de la unión, siendo este segmento el posible mayor afectado con la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

Sin embargo, y a pesar de los rumores, el Brexit se formalizó el pasado 29 de marzo, cuando la Primer Ministro Theresa May; siguiendo el artículo 50 del Tratado de Lisboa, entregó una carta dirigida al Presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, expresando la voluntad del pueblo británico de abandonar su condición de Estado miembro de la Unión Europea. La entrega de esta carta da inicio al proceso de negociaciones, el cual será ejecutado con los 27 Estados que conforman este mecanismo de integración, para concretar los términos de la salida del Reino Unido y llegar a un acuerdo entre ambas partes para estipular los lineamientos de las futuras relaciones entre dichos actores. Si bien el Tratado de Lisboa determina que el tiempo máximo para alcanzar dicho acuerdo es de dos años, también permite la extensión de las negociaciones siempre y cuando todos los países de la unión manifiesten su aprobación. Por otro lado, aunque el proceso de negociación inició formalmente se debe destacar que hasta que el mismo finalice y se materialice la separación, el Reino Unido sigue sujeto a las leyes y los tratados subscritos por la Unión Europea; no obstante, a partir del 29 de marzo el Reino no tiene potestad alguna para formar parte en los procesos de toma de decisión llevados a cabo en el seno de la unión.

De las negociaciones, el Reino Unido espera poder acordar los términos de su divorcio y su nueva relación con la Unión Europea al mismo tiempo, mientras sus ciudadanos y el resto del mundo esperan ver si el gobierno británico tomará una postura soft (una salida más amistosa, manteniendo el libre tránsito de ciudadanos y su permanencia en el mercado único) o hard (limitar la migración europea y abandonar el mercado único) en cuanto a los términos de su separación.

La Primer Ministro, a través de la carta que formaliza la petición de retiro, dejó ver cuáles eran los temas prioritarios para el Reino Unido durante este proceso. En primer lugar se encuentra establecer un consenso de los derechos de los ciudadanos británicos en territorio de la Unión Europea, así como de los ciudadanos europeos en territorio británico. No obstante, el gobierno ha dejado clara la importancia de la restricción migratoria para sus ciudadanos, ya que este fue un factor decisivo en la victoria del Brexit. En el aspecto comercial, Theresa May señaló la trascendencia de lograr un acuerdo comercial que permita el libre comercio entre ambos actores, ya que permanecer en el mercado común significaría mantener el libre tránsito de ciudadanos. En cuanto a Irlanda del Norte y su frontera terrestre con la Unión Europea, la misma se espera continúe abierta y sin restricciones ya que de esto depende la paz entre ambas naciones de la isla.

Si bien la Primer Ministro espera conformar una relación provechosa con la UE en su carta dejó en claro el deseo de Gran Bretaña de garantizar su soberanía legal, por lo cual aspiran poner fin a la jurisdicción del Tribunal Europeo de Justicia, al mismo tiempo que asegura la creación de nuevos mecanismos para solventar futuros impases comerciales. Por último, la carta también expresa la aspiración de lograr una relación prospera entre ambos actores que permita fortalecer su cooperación en la lucha conjunta contra el terrorismo.

Por la algidez de los temas a negociar y la atipicidad de este caso –primer país miembro que denuncia el Tratado, siendo este uno de los líderes políticos y económicos del mismo– no se estima que el proceso de negociaciones culmine en menos de tres años, lo cual le permitiría al bloque europeo perfilar un curso de acción para afrontar la perdida de uno de sus miembros claves, al Reino Unido establecer tratados que le asegure satisfacer las necesidades y expectativas de sus ciudadanos y a los países de la comunidad asumir el liderazgo que deja el Reino Unido en temas económicos, políticos y sociales, especialmente los referentes al terrorismo en territorio europeo, a la crisis de refugiados y a la crisis económica que el bloque sigue enfrentando. Por otro lado, la futura actuación de Theresa May será determinante para el curso de la política interna de Gran Bretaña y a nivel internacional establecerá el precedente de los procedimientos a seguir ante posibles futuras salidas de la Unión, así como un ejemplo de éxito o fracaso de supervivencia para los países que estén considerando abandonar este mecanismo de integración. El desenlace de estas negociaciones será definitivo no solo por la actuación de los negociadores sino también por las posiciones de los ciudadanos de ambas partes, lo cual podría alterar el curso de acción de sus líderes políticos.

Autor: Juliete Da Costa

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