Más control, menos estudiantes con zapatos de goma – Luis Souto

Zapatos de goma, jeans, franela fresca y una gorra, si se les acompaña con un agua y un paño recubierto de Malox se obtiene uno de las vestimentas más apropiadas en las movilizaciones venezolanas, y es que en los últimos 18 años los venezolanos se han movilizado incontables veces en pro y en contra del gobierno del extinto presidente Chávez y de su sucesor Nicolás Maduro; y lo único que no ha cambiado en las movilizaciones ha sido las vestimentas que no pasan de moda.

En estos 18 años se marcaron dos hitos históricos en las manifestaciones, hitos que no tuvieron que ver con la cantidad de personas movilizadas, sino con los trágicos resultados que tuvieron dichas movilizaciones. La primera el 11 de abril del 2002, en la que varias personas perdieron la vida a manos de grupos armados que evitaron que llegaran a Miraflores; la segunda, el 12 de Febrero de 2014, en esta fecha los estudiantes de distintas universidades volvieron a cerrar filas por primera vez desde el año 2007 y pusieron marcha hacia la fiscalía, solo las organizaciones políticas Voluntad Popular, Vente Venezuela y ABP respaldaron la movilización, que evidenció un respaldo de parte de la sociedad hacia los jóvenes de las casas de estudio. Nuevamente, grupos armados irrumpieron en la manifestación, pero fue la policía de Caracas como revela el diario Últimas Noticias, los responsables del primero de tres asesinatos esa trágica tarde. Es en este segundo evento en el que hay que detenernos.

El domingo 12 de febrero de 2017, tres años después de los hechos ocurridos en la parroquia Candelaria, el Movimiento Estudiantil convocó una movilización que culminaría en una misa en honor a las víctimas del 2014. En 2015, una división en los estudiantes generó dos actos distintos, mientras miles de estudiantes se desplazaron desde la Ciudad Universitaria hasta la Iglesia de San Pedro, siendo bloqueados por efectivos de seguridad, otro grupo coordinado por el presidente de la FCU de la UCV, Hasler Iglesias permaneció en el Aula Magna de dicha casa de estudios para celebrar la “Declaración de Febrero.

En 2016, se realizó una pequeña misa en el Casco histórico de Petare, como recordatorio de los estudiantes caídos y finalmente en 2017 una movilización salió desde Chacao hacia la Iglesia Virgen de Guadalupe en la urbanización Las Mercedes para una nueva ceremonia litúrgica. La regla que predominó en cada manifestación el poco respaldo que de parte de la sociedad civil, que pasó de decenas de miles de manifestantes en 2014 a 500 aproximadamente en este 2017.

 ¿Qué cambio este año? Fue la pregunta que le hicimos al Diputado Rosmit Mantilla, quien acompañó la movilización, a su juicio:

“Cambio que tenemos más muertos, más presos y más jóvenes fuera del país y nuestro compromiso es devolverle la esperanza a Venezuela. No hay apatía es miedo, desesperanza y hambre”.

Williams Urrea, coordinador de seguridad del Movimiento Estudiantil de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), reconoció una disminución de la cantidad de personas que asisten a las movilizaciones y por ende esta coordinación encargada de la seguridad de los estudiantes ya no se prepara como antes.

Las divisiones se hicieron claras durante esta movilización. La Universidad Central de Venezuela (UCV), que fijó fecha para las elecciones estudiantiles este 17 de febrero, mostró una fuerte fractura entre sus dos mayores plataformas políticas: Creo en la U y La U reacciona. Mientras un grupo de Voluntad Popular y dirigentes de Creo en la U, cortaron la circulación de la autopista Francisco Fajardo, el resto de los estudiantes continuó su camino hacia el templo.

Ayrton Monsalvé, candidato al Consejo Universitario de la UCV por La U reacciona, consideró que el fraccionamiento del movimiento de la casa de estudios se debe a la intervención de factores externos, específicamente de partidos políticos. Afirmó que la propuesta de la plataforma es generar un movimiento estudiantil autónomo a cualquier actor político.

Por su parte, Freddy Peláez, también candidato al Consejo Universitario, pero por la plataforma Creo en la U, opinó que tantos los partidos como los movimientos estudiantiles deben auto reconocerse. “Lo que vimos hoy fue realmente democracia y aunque no todos estemos de acuerdo en la forma estamos trabajando por un cambio”, señaló Peláez.

Quizás la persona más indicada para explicar la situación actual de la UCV es Hasler Iglesia, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la UCV (FCU). Iglesias evaluó de forma positiva sus años de gestión, pos considerar haber logrado unir al movimiento estudiantil para lograr movilizaciones de hasta 500 personas como la del domingo 12 de febrero. Ante las críticas de ambas plataformas postuladas a la FCU, el estudiante señaló que han sido víctimas de presión política y económica del gobierno y aun así logramos la reapertura el comedor y ampliar el número de becas. Recordó que varios de los candidatos fueron parte de esta gestión y que las críticas son normales, pero que la gestión cerró con balance positivo.

A pesar de estas apreciaciones, los zapatos de goma parecen haber sido descartados para movilizarse con temas políticos. La última gran manifestación fue “La toma de Venezuela” en octubre del 2016 y ahora la desesperanza y miedo parecen haberse apoderado de las miles de personas que antes no dudaban en alzar su voz. Será tarea de los políticos conseguir cómo movilizar a la ciudadanía para retomar las riendas de la casi extinta democracia venezolana.

Autor :

Luis “Kike” Souto

 

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